El realismo sucio («Dirty realism») es un movimiento
literario estadounidense desarrollado sobre todo en los años 1970 que pretende
reducir la narración (especialmente el relato corto) a sus elementos
fundamentales.
Se trata de una derivación del
minimalismo que tiene características propias. Al igual que aquél, el realismo
sucio se caracteriza por su tendencia a la sobriedad, la precisión y una
parquedad extrema en el uso de las palabras en todo lo que se refiera a
descripción. Los objetos, los personajes, las situaciones deben hallarse
caracterizados de la manera más concisa y superficial posible. El uso del
adverbio y la adjetivación quedan reducidos al mínimo, dado que estos autores
prefieren que sea el contexto el que sugiera el sentido profundo de la obra.
En cuanto a los personajes
típicos, se tiende a retratar seres vulgares y corrientes que llevan vidas
convencionales, en la línea de uno de los grandes referentes del movimiento.
Uno de los principales representantes
del realismo sucio es, entre otros, Raymond
Carver (1938-1988). Los personajes de sus cuentos sufren una tragedia
parecida: son personas comunes y corrientes que afrontan las dificultades
acompañándose de un vaso de whisky y disfrutan de los momentos de ocio con un pack
de cerveza. Estos seres suelen padecer baja autoestima, experimentan
sentimientos de culpa y sienten celos de sus esposas, quienes pueden gozar de
una mejor remuneración económica. Lo que más le interesaba a Carver era describir el momento
en que sus anti-héroes complican o arruinan su vida, con la
interrogante de si serán o no capaces de sobreponerse.
Short Cuts (libro
de Carver) es una compilación de 13 historias breves escogidas por
el cineasta Robert Altman para
darles vida en el filme “Vidas cruzadas” (1993). En este
cuento Carver es partidario
de los finales abruptos y ambiguos pudiendo existir “lagunas” (vacíos de información)
que invitan a una interpretación abierta; constituye así un claro ejemplo de
narrativa no lineal.
Aunque al autor se le relaciona
con el movimiento de realismo sucio, no encontraremos demasiadas
palabras altisonantes ni detalles bizarros. Carver no es desaseado en su prosa, ni sus temas son
excesivamente crudos. Más bien muestra una especie de obscuridad emocional, una
notable desesperanza en el comportamiento de sus personajes tan desencantados
del sueño americano.

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